Publicado el 08/08/2022
Por Arvinderjeet Kaur

«La Lujuria, un ladrón de la consciencia»

Por Leia Rozas @leia.animalyogi

 

Hola, mi nombre es Leia Rozas, soy instructora de Kundalini Yoga. Profesora, Bailarina de Danza del Vientre, Facilitadora de Alquimia Sexual. Desde estas disciplinas me dedico a trabajar en Círculos de Mujeres, Sanación e integración de nuestra Energía Sexual y la Sombra, incorporando el estudio y la ritualidad de las Diosas (Arquetipos femeninos) y antiguas devociones Matrízticas de la historia. También trabajo con acompañamientos de Huevos Yoni y Sanación de Útero, reconectando con la Ciclicidad Natural.

Partamos esta reflexión desde el origen etimológico de la palabra, la cual guarda dos vías:
La palabra lujuria se origina del latín luxus que significa “abundancia” o “exuberancia». También se le asocia con la palabra «lascivia» que se refiere al “deseo sexual incontrolable”.

En ambas vías podemos desglosar luces y sombras de la manifestación de nuestra energía sexual y el deseo. La «abundancia» y la «exuberancia», es decir las riquezas fecundas, nos ofrecen vivenciar nuestros sentidos en su amplio espectro y potenciar nuestra sensualidad, entiéndase lo sensual en el amplio espectro sensorial, sin el vicio de un sentido por sobre los otros. Desde el uso de la «lascivia» como herramienta en nuestra cultura post moderna, cuyo fin es el consumo de objetos, podemos entender «lo sensual» con un estereotipo de imagen hipersexualizada (sentido visual por sobre los demás sentidos) que escapa del erotismo cotidiano, del goce en situaciones tan diarias y sencillas como el sabor de una fruta, nuestra piel en ropas de telas cómodas y suaves, las fragancias que nos energizan, relajan y llenan de placer, la música y los sonidos que nos acompañan en nuestras actividades rutinarias… Todo aquello que no podemos ver, pero si sentir:  somos mucho más que una superficial imagen.

Contactar con la sensorialidad, y el erotismo, develando la hipersexualización instaurada por el comercio y las hegemonías que determinan qué y cómo desear (lo cual escapa a la realidad de nuestros deseos más profundos) nos lleva a contactar con la gratitud y las ganas de vivir. Somos seres que portan un deseo único y original, sensible, cotidiano, muy distante de lo que nos venden como ideal y «objeto de deseo».

Sexualidad es energía vital que habita en nuestro interior, motor de acción, creación y originalidad en esencia, lenguaje e interacción que busca el encuentro con los otros, portadores de la misma originalidad divina que llevamos dentro.

Desde el aspecto sexual sombrío, Lujuria engloba en su etimología de «luxus» el mismo origen que «lujo». En la antigua Roma sufrir la «luxación» de una articulación, tener un hombro dislocado por vivenciar una pelea, era estatus: «luxus”, «lujo». Sobrepasar límites corporales, cruzarse de la línea hasta un punto autodestructivo, que nos desvitaliza, obsesiona, dañándonos no sólo a nosotras/nosotros, sino también nuestras relaciones, nos aleja de nuestra verdadera consciencia de unidad y respeto al ser todas y todos los seres portadores de la sacralidad.

Es por esto que al ver posesiones materiales, personas objetualizadas que distan de nuestras responsabilidades y necesidades, utilizamos la palabra «lujo». Este estado insaciable de vivir excesos, nubla nuestra consciencia, cayendo en una obsesión compulsiva que gobierna la voluntad real, llevándonos a experimentar dolor, sufrimiento e insatisfacción al no poder ser jamás saciados.

Como conclusión de estas reflexiones, me gustaría dejar el final abierto para Senti-Pensar (como decía el escritor latinoamericano Eduardo Galeano), respirar, detenernos, tomar contacto profundo con nuestro interior, y responder para nos estas preguntas, con mucho amor y honestidad:

¿Cómo nos hemos relacionado con nuestros deseos?

¿Damos prioridad a nuestros deseos más profundos?

¿Somos conscientes de cuánta energía, tiempo, espacio y valor damos al lujo para sentirnos satisfechos en nuestra vida?

¿Podemos aceptar y visualizar nuestros deseos sin culpa y con discernimiento?

¿Qué nos lleva a perder la capacidad de discernir entre los deseos de mi yo verdadero y los que la cultura del consumo ha moldeado?

¿Logro amar y aceptar quien soy o sufro por  no responder al modelo imagen que impone la cultura actual?

¿Me experimento como un ser divinamente sensual y sexual?

¿Logro detectar mi deseos compulsivos y las imágenes que nublan mi necesidad real?

¿Cómo puedo tomar mayor contacto con mi erotismo?

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